.

.
,

Pequeña guía para aprovechar la avalancha de vinos importados

(Publiqué esta nota en el suplemento Sábado del diario La Nación)


     ¿Tinto o blanco? ¿Malbec o cabernet? ¿Con burbujas o sin burbujas? Las disyuntivas ante las que se ven enfrentados los fanáticos del vino -aquellos que con espíritu de explorador recorren vinotecas en busca de aromas y sabores por descubrir- se ven potenciadas en forma exponencial por la actual avalancha de etiquetas importadas.
     "Hoy se pueden conseguir vinos de primerísima calidad de los principales países vitivinícolas como Francia, España, Italia, Alemania, Sudáfrica, Nueva Zelanda y muchos otros", cuenta Ezequiel Schneer, propietario de Vinoteca Soil. La oferta alcanza a vinos tranquilos, pero también a espumosos o incluso a fortificados, y si bien el lugar ideal para dar con ellos son las vinotecas especializadas (Terroir y Grand Cru, entre otras), las de barrio y los restaurantes también ofrecen algunos ejemplares, e incluso es posible hallar vinos importados en las cadenas de supermercados.
     Para los que quieran asomarse al vino del mundo una buena opción son los bares que ofrecen en sus cartas vinos importados por copa. "En Buenos Aires, algunos wine bars ofrecen una cuidada selección de vinos de las principales regiones vitivinícolas del mundo", alienta Matías Prezioso, presidente de la Asociación Argentina de Sommeliers. Aquí van tres wine bars que ofrecen una buena variedad de vino importado por copa (o incluso media copa o cuarto de copa): Shout Brasas & Drinks, en Retiro, y Bar Du Marche y el recién inaugurado Vico, en Palermo.
     La pregunta obvia (y necesaria) es si los vinos importados son caros o, por lo menos, más caros que los locales. Y la respuesta es que cubren casi todos los rangos de precios de los vinos argentinos, empezando por los 140 pesos hasta alcanzar cifras que no son las habituales para los vinos argentinos. Un ejemplo del techo que pueden alcanzar los importados es el Champagne. "Los precios de las etiquetas de Champagne que están en nuestro país oscilan entre $ 1350, que es el valor de un Moët & Chandon Brut Imperial, y $ 11.000 -precisa Fernando Gouiran, director de comunicaciones de Moët Hennessy Argentina-. Este último es el valor del Dom Pérignon Vintage 2009 que se podrá encontrar por primera vez en formato Magnum (1,5 litros); otras novedades son el Dom Pérignon P2 1998, a $ 10.600 y el P2 2000 que se dará a conocer a fines de 2017" .
     La lista de espumantes de lujo incluye desde hace unos días a Cristal Brut Vintage 2009, de la casa Louis Roederer, que llega de la mano de Bodegas Norton a un valor de $10.000; Casa Pirque, por su parte, importa los espumantes Champagne Barons de Rothschild, a partir de $ 1880.
     Pero los valores de los vinos tranquilos incluso pueden ser más elevados, como es el caso del Vega Sicilia Unico 2000, de la región de Ribera del Duero, España, que se puede encontrar a la venta en Buenos Aires a $ 20.000. "Al mismo tiempo hoy podés comprar una botella de un vino Frances a partir de los 350 pesos en una tienda", advierte Francisco Dotto, de Casa Pirque, y cita como ejemplo los Aussières (rouge o blanc), de Château d´Aussières, a $ 365, los bordeleses Légende, a partir de $ 440, o el Château La Coste Rose, de la provence a $ 510.
     Es más, una visita por cualquier supermercado permite toparse con la línea Bravío Cuatro Continentes, de Bodega Uxmal, a tan sólo $ 140 pesos la botella: "Esta línea incluye cuatro red blends provenientes de Italia, España, Australia y Sudáfrica, (y uno argentino) que se pueden comprar juntos o separados, y que tienen un componente lúdico, pues permite descubrir vinos que representan estilos particulares de diferentes rincones del planeta, a un precio superaccesible", comenta Victoria Maza, de Bodega Uxmal.
 
Cómo entender las etiquetas
     Francia, España, Italia, Portugal, Australia, Nueva Zelanda, Alemania, Estados Unidos, Uruguay, Chile... todos estos países y otros más están hoy representados en las góndolas de las vinotecas. Pero en el caso de los vinos del Viejo Mundo, especialmente, no resulta fácil para el no iniciado hacerse una idea de qué esperar al servirlos en la copa. De ahí la importancia en prestarles especial atención a ciertos elementos presentes en las etiquetas.
     "A nivel global las bodegas destacan el origen del vino en su lengua nativa, no importa si la etiqueta está en francés o inglés o bien si hasta usan términos propios de alguna región vitícola del mundo -explica Alejandro Iglesias, sommelier del Club BonVivir-. Lo importante es buscar la procedencia del vino que en muchos casos es obligatorio, más en los vinos importados. Puede parecer una obviedad pero términos como château, clos o el nombre mal utilizado de una región pueden confundir. Y otro dato importante, pero que demanda mayor experiencia, es buscar zonas precisas y no un origen general. En el caso de un vino francés, Burdeos [Bordeaux] o Borgoña [Bourgogne] aseguran una identidad más precisa que si la etiqueta sólo dice que el origen es Francia, y lo mismo va a suceder con los vinos de cualquier país".
     Los vinos que más dificultad presentan ahí en la góndola son sin dudas los alemanes. Y no es sólo el idioma la barrera, sino también un complejo sistema de denominación. ¿Alguna pista? "Hay una palabra clave: trocken. Si ven esta palabra en la etiqueta significa que el vino es seco. Pero inclusive cuando figura trocken en la etiqueta puede contar con algunos gramos de azúcar residual que balancean perfectamente con la elevada acidez. Por otro lado podemos hallar siglas como GG o Grosses Gewächs, que es similar al concepto de grand cru [de Francia], y se utiliza para los vinos secos provenientes de las mejores parcelas de viñedos", explica el sommelier Matías Chiesa, de la importadora de vinos alemanes The Riesling Wine Company.
     Para alguien que tiene su paladar acostumbrado a los vinos mendocinos, cuando no salteños o patagónicos, ¿qué esperar de un vino importado? "Que sea distinto, lo cual es maravilloso -responde Prezioso-. Dependiendo de la variedad y de la región de donde provenga mostrará colores, aromas y sabores distintivos. Esté preparado para sentir aromas cítricos y minerales en aquellos blancos de regiones frías como Mosel (Alemania) y Chablis (Francia), fruta roja madura, especias y cuero en sectores cálidos para lo que es Francia (Ródano), frescura, austeridad y elegancia en zonas afamadas como la Borgoña (Francia). Todo hará que su paladar y autoconocimiento en términos del disfrute crezcan notablemente". Será entonces cuestión de probar, ¿no?
 
La nota original publicada en La Nación se encuentra en el siguiente link: http://www.lanacion.com.ar/2083393-pequena-guia-util-para-no-perderse-en-la-avalancha-de-vinos-importados

Vuelve Jumbo Deli & Wine a Tribuna Plaza de Palermo

 
     Por sexto año consecutivo, Jumbo Deli & Wine 2017 vuelve a Buenos Aires con su propuesta gourmet y todos los productos premium que ofrece Jumbo en sus góndolas durante todo el año. Esta nueva edición se realizará del 22 al 24 de noviembre, de 18 a 22, en Tribuna Plaza (Av. Del Libertador 4401, Palermo). Vnos, quesos y fiambres, carnes, panes, productos gourmet, cervezas, espirituosas, destilados, café y chocolates, entre otros, estarán disponibles en la ya tradicional Feria.
      Al igual que el año pasado, habrá un lugar especial para Sabores del Mundo, que estará destinado para los amantes de buen vivir ávidos de encontrar los mejores productos importados de diferentes culturas. Por otro lado, el sector de cocktelería continuará marcando tendencia mundial de Cocktelería de Autor, profesionalizando así esta actividad y ampliando su público actual.

Duelo de sommeliers: catar vinos con nervios de acero

(Publiqué esta nota en el suplemento Sábado del diario La Nación)


     "Esta no es la añada que pedí", reprocha con gesto neutro el comensal a Martín Bruno, quien sostiene en sus manos una botella de Altocedro Gran Reserva Malbec 2013. Se hace un silencio incómodo en el auditorio. Con la mirada fija en su interlocutor, Martín pestañea y pide disculpas; gira sobre su talones y se acerca a la mesa de servicio, donde descansan copas, decantadores y otras dos botellas de Altocedro. Deja la 2013 y toma una 2012; vuelve a la mesa que se encuentra en el centro del escenario y con la misma amabilidad con la que presentó la botella equivocada anuncia "Altocedro Gran Reserva Malbec 2012, ¿es la correcta?" El comensal asiente y el auditorio puede volver a respirar.
     Estamos en la final del Concurso Mejor Sommelier de Argentina 2017, en la que unas 250 personas -y otros cuantos miles más vía streaming- son testigos de la performance de uno de sus finalistas, Martín Bruno, que en un par de horas será coronado ganador del certamen. La Sala de Cámara de la Usina del Arte brinda el escenario para que este sommelier de 34 años demuestre sus conocimientos y sus habilidades en el servicio. La prueba en curso estipula que el sommelier atienda una mesa con ocho comensales: uno de ellos ha pedido un cóctel americano, mientras que otro quiere agasajar al resto con una botella magnum (1.5 litros) de un gran malbec cosecha 2012.
     Martín cuenta con ocho minutos para elaborar el cóctel, decantar el vino y servirlo, sin pasar por alto ninguno de los numerosos puntos que debe observar un sommelieren el servicio del vino. Víctimas de los nervios y la presión que supone realizar su trabajo cotidiano ante la más estricta de las mesas examinadoras (los supuestos comensales), que incluye al presidente de la Asociación Mundial de Sommeliers, sus dos contendientes han tenido errores que les costaron caro: María Valeria Gamper olvidó trasvasar el vino a un decantador antes de servirlo; Stefanie Paiva Harvat sirvió sólo siete copas, dejando a un comensal sin vino.
     Al igual que Martín, Stefanie también tomó la botella equivocada -el malbec 2013 que ha sido plantado entre los 2012 para confundir-. Pero Martín ataja el golpe del error con naturalidad. Desde que ha comenzado la prueba, no ha dejado de hablar a su mesa: se explaya acerca de las características del americano que habrá de servir, del gran malbec que degustarán, de las comidas que lo acompañarán... El error no supone un obstáculo a su tarea; ha pedido disculpas y todo sigue como si nada. Huele el vino en busca de defectos, lo decanta, lo da a probar a quien lo ha solicitado y con su aprobación completa el servicio.
     Incluso esquiva con elegancia otra de las balas: una de las comensales-jurado, la ex presidenta de la Asociación Canadiense de Sommeliers, lee en un cerrado inglés una pregunta técnica acerca del vino, cuya respuesta no demora ni un segundo a Martín. Finalizada la tarea, el sommelier desea una buena cena a los comensales; acto seguido, mira a quien dirige la prueba para dar a entender que ha terminado. El auditorio estalla en aplausos y ovaciones. Recién entonces suena la alarma que señala que han transcurrido los ocho minutos estipulados por reglamento para la prueba.

Las pruebas
     Ni el más malicioso de los comensales sería capaz de poner en aprietos a un sommelierde la forma en que lo hacen las pruebas que conforman el Concurso Mejor Sommelier de la Argentina, que organiza la Asociación Argentina de Sommeliers. Conocimiento teórico, entrenamiento sensorial y oficio es lo que se evalúa en este certamen, que incluye pruebas que requieren meses de entrenamiento y años de profesión. Nada de lo cual garantiza que, delante de un jurado de referentes del mundo del vino y de la gastronomía, los nervios no jueguen una mala pasada.
     En este punto, Martín juega con ventaja: ya en 2014 participó del certamen, obteniendo el segundo puesto, lo que le abrió la puerta a ser parte del Concurso Mejor Sommelier del Mundo que se realizó el año pasado en Mendoza. Esas millas de experiencia ganadas se notaron en su desempeño calmo y confiado.
     La primera de las pruebas colocaba a los finalistas delante de una copa de vino blanco: "Tienen 4 minutos para describir las características sensoriales del vino, su región de origen, añada, precio, forma en que lo servirían y maridajes sugeridos", explicó Ricardo Grellet, presidente de la Alianza Panamericana de Sommeliers, que condujo las pruebas del certamen. "Notas florales" o "taninos no perceptibles" fueron algunos de los descriptores con los que los finalistas respondieron a la consigna. Coincidencias por momentos, desacuerdos en otros. De hecho, cada uno propuso una región de origen distinta: Valeria sostuvo que era un riesling de Mosela, Alemania; Stefanie, también un riesling, pero de Alsacia, Francia; mientras que Martín apostó por un chardonnay de Chablis, Francia. Era un riesling alemán -precisó uno de los jurados una vez finalizada la prueba-, pero de la región de Rheinhessen.
     Los desafíos sensoriales incluyeron catar tres copas de malbec para asignarles país de origen; y catar luego seis de destilados servidos en copas negras, con la consigna de agruparlas en pares según su materia prima. Después llegaron las pruebas de servicio: frente a una mesa de "exigentes" comensales, recibieron un elaborado menú de pasos que debían maridar con vinos latinoamericanos, sin repetir país, y justificando cada elección en función de la armonía entre vino y comida. Luego llegó la mencionada prueba del cóctel y el vino para ocho comensales.
     El final fue teórico, y si bien ya no había comensales ni copas que catar, la lucha era contra el tiempo y contra los nervios. Primero, la pantalla del auditorio mostraría páginas de una carta de vinos; cada página contenía un error a descubrir y cada 20 segundos cambiaba el slide. La última prueba enfrentó a los tres finalistas en simultáneo: en un block de papel blanco tamaño A4 debían escribir qué era lo que mostraba la pantalla, sea la cara de un famoso enólogo o un viñedo de fama mundial. Veinte segundos para reconocer la imagen, escribir y levantar el block a los ojos del jurado. Casi tan nervioso como los participantes, el público contenía la respiracion entre slide y slide.

La nota original publicada en La Nación se encuentra en el siguiente link: http://www.lanacion.com.ar/2079181-detras-del-vino-como-se-elige-el-mejor-sommelier-del-pais

El bourbon Evan Williams llega a la Argentina con dos etiquetas

     De la mano de Dellepiane Spirits llega a la Argentina Evan Williams, el segundo bourbon más vendido del mundo, elaborado en la destilería de whiskey más antigua de Kentucky, Estados Unidos. Las etiquetas ya disponibles en bares y vinotecas son Evan Williams Black Label y Evan Williams 1783.
     Destacado recientemente como “Best Buy Whiskyes of the Year” por la revista Malt Advocate, Evan Williams Black Label es elaborado con un mayor contenido de malta que la mayoría de los whiskeys americanos bajo el método “Sour Mash” (malta agria).  Con 7 años de añejamiento y un tenor alcohólico de 43%, presenta un color ámbar y en nariz se percibe notas de vainilla y menta. La sensación en el paladar comienza de manera suave y dulce con notas de roble acaramelado. El final es ligeramente dulce de vainilla, ahumados y con notas de granos de malta y menta.
     Evan Williams 1783 lleva el nombre del año en que estableció su primera destilería. Cada lote es limitado, sólo se elabora de no más de 80 barriles seleccionados a mano. Extra añejo, también se elabora bajo el proceso “Sour Mash”. Suave, se caracteriza por su color miel brillante, de aromas a roble, vainilla y maíz dulce con manteca con sabores semi dulce a roble, melaza, ciruela, cereza acaramelada, canela endulzada con miel y un toque de picante hacia el final. Su graduación alcohólica es de 43%.
     El precio de venta sugerido es de 610 pesos para Black Label y de 790 pesos para 1793.